jueves, 20 de septiembre de 2012
El violoncello
El violoncello es un instrumento de cuerda que está entre la viola y el contrabajo. Se toca con un arco, y el instrumento apoyado en el suelo y sujeto entre las piernas del violoncellista.
La palabra proviene del termino italiano violoncello que se pronuncia igual que significa "violón del cielo".
El violonchelo nació un poco después que el violín en el siglo XVI. Era muy similar al actual, pero de mayor tamaño. Su popularidad fue demorosa por el hecho de que sufrió modificaciones por mucho tiempo y tenía una fuerte competencia por parte de la viola de gamba; incluso algunos músicos no querían usar el violonchelo y escribían partituras especiales sólo para la viola de gamba.
Las partes del violonchelo son las mismas que las del violín, pero estamos hablando de un instrumento mucho más grande. Al igual que el violín, se compone de una caja de resonancia formada por el fondo, la tapa y los aros. Su forma es abombada y sus curvas elegantes. Sobre la tapa se encuentran las efes, que son los orificios con esa forma en cada lado. Además, se encuentra el cordal, que retiene a las cuerdas y entre las efes, el puente, que conserva las cuerdas en alto. Dentro de la caja, se encuentran la barra armónica (a lo largo de la caja) y el alma (bajo el pie derecho del puente), que son los responsables del sonido del violonchelo. El mango contiene al diapasón, que al igual que en el violín, no tiene trastes. El diapasón termina en el clavijero. Entre ambos se encuentra la cejuela, que recibe a las cuerdas para luego ser enrolladas y tensadas por las cuatro clavijas en el clavijero. Este último tiene una terminación en forma de caracol que se llama voluta.
El arco del violonchelo consiste en pelos de caballo que van tensados en una vara de madera de palo de Pernambuco. En relación al arco del violín, el de violonchelo es más grueso y más corto. Las vibraciones de las cuerdas del violonchelo se producen frotándolas con el arco; se debe hacer con más fuerza que en el violín. Como los pelos de caballo no pueden producir un buen sonido por sí solos, se les aplica resina para generar un mejor agarre en las cuerdas y obtener así una buena sonoridad.
El puente es una pieza de madera que se sitúa hacia la mitad de la parte superior del violonchelo y sobre el que se apoyan las cuatro cuerdas. Tiene que estar en posición perpendicular al plano del violonchelo y a la misma distancia de las dos efes. No está pegado ni clavado a la tapa, sino que se sujeta gracias a la presión que ejercen las cuerdas. Su parte superior, está curvada, lo que hace que las cuatro cuerdas a lo largo del mástil y el diapasón no se encuentren en el mismo plano. Los puentes de los violonchelos barrocos eran más pequeños y tenían la parte superior mucho menos curva, lo que hacía que todas las cuerdas estuvieran en un mismo plano. El principal inconveniente de esto es que al tocar una cuerda, podrías tocar sin querer las cuerdas adyacentes.
Al emitir las cuerdas del violonchelo sonidos graves, las partituras no se suelen escribir en clave de sol, sino que lo más común, es escribirlas y leerlas en clave de fa en cuarta línea del pentagrama, que es el símbolo que se ve en la imagen a la izquierda de las notas. Pero es relativamente frecuente que para registros agudos se empleen otras claves, sobre todo la clave de do en cuarta y clave de sol.
En un principio, las cuerdas eran cuerdas de tripa, menos resistentes que las de metal, pero que daban una sonoridad más pura y cálida. Estas cuerdas fueron usadas hasta el siglo XX. A raíz de la Segunda Guerra Mundial se generalizó el uso de cuerdas metálicas, más resistentes y con mayor sonoridad que las otras. También hay cuerdas de nylon y otros materiales. Se siguen fabricando cuerdas de tripa, ya que muchos intérpretes que tienen instrumentos barrocos o que tocan música barroca consideran que la sonoridad con este tipo de cuerdas se acerca mucho más a la idea original del compositor.
La forma de tocar el violonchelo es sentado y apoyando el instrumento entre las rodillas y sobre una clavija retráctil. Se debe sujetar el mango con la mano izquierda y con la derecha deslizar el arco. El mástil debe quedar hacia la izquierda del cuello. Otra forma de tocarlo es con la punta de los dedos; la técnica se llama pizzicato. Considerando la primea forma, mientras de desliza el arco, con los dedos de la mano izquierda se deben presionar las cuerdas para producir distintos tonos.
La primera música dedicada específicamente al violonchelo solista fue escrita en Italia alrededor de 1689 (Ricercari e canzoni, de Domenico Gabrielli, y Sonare, de Jacchini). Hay que llegar hasta Beethoven para que este instrumento sea apreciado en su justo mérito en la orquesta.
El Cello o Violoncello es en esencia un violín bajo que se toca manteniéndolo de pie.
Su tono es rico y sonoro, y sus cuerdas altas tiene una cualidad melódica inconfundible. El cello se adapta perfectamente tanto a la intimidad de un cuarteto de cuerdas como a una orquesta.
Existen técnicas tanto para la mano izquierda como para la derecha. En el caso de la mano izquierda algunas técnicas son: los armónicos, que se producen al rozar la cuerda con un dedo; el vibrato, que es un movimiento ondulatorio y espontáneo de la mano izquierda que da expresividad a la nota que se está representando; y el glissando, que es un cambio de posición de un dedo que se mantiene presionando mientras se desliza el arco; eso resulta en que se tocan todas las notas entre la inicial y la final.
Entre las técnicas de la mano derecha se encuentra col legno, que es golpear las cuerdas con la madera del arco; détaché, para mover el arco emitiendo una sola nota (si se cambia de nota, no se mueve el arco); dobles cuerdas, deslizando el arco sobre dos cuerdas al mismo tiempo, logrando polifonía; legato, para tocar notas distintas en un solo deslizamiento de arco; pizzicato, pellizcando las cuerdas con los dedos; spiccato, dando pequeños saltos con el arco mientras se pasa por las cuerdas; staccato, presionando la cuerda uniformemente durante la nota; sul tasto, deslizando el arco por la parte más alejada del puente; y sul ponticello, pasando el arco lo más cerca posible del puente.
El apogeo del violonchelo comienza durante el barroco. Muchos compositores lo usan de manera recurrente como bajo continuo de las obras, junto con el clavecín, y ya se empieza a usar para agrupaciones más pequeñas, dúos, tríos y cuartetos.
A Johann Sebastian Bach se le ha atribuido por mucho tiempo la poco verificable creación de la viola pomposa (también llamada viola di fagotto o "violoncello piccolo da spalla" [violonchelo pequeño de hombro], usada por Bach para sus Cantatas de Leipzig), que en su versión de cinco cuerdas sirve para interpretar su Suite para violonchelo solo n.º 6. Este violoncello piccolo da spalla se creó para que fuera interpretado por violinistas (poco expertos en la interpretación da gamba, con el instrumento en vertical y sujeto entre las piernas) ya que se interpretaba colocado sobre el hombro y el pecho, y tenía un tamaño mayor al de la viola actual. Algunos investigadores creen que las 6 suites para violonchelo solo en realidad estuvieron creadas para este instrumento.
Vivaldi ya compuso 27 conciertos para violonchelo, y en la segunda mitad del siglo XVIII Luigi Boccherini, que además era violonchelista virtuoso, dedicó 12 conciertos a este instrumento.
Con la gran popularidad que tuvo como bajo continuo, acabó por desplazar totalmente en este período a la viola da gamba, y se consolidó como instrumento recurrente en las agrupaciones de cámara.
El violonchelo que se usó en toda esta época, se llama violonchelo barroco, y es prácticamente idéntico al violonchelo moderno. Todavía se conservan muchos ejemplares de este tipo de violonchelo y además se siguen fabricando, ya que los músicos que interpretan obras barrocas consideran que la sonoridad de estos instrumentos es mucho más adecuada para este tipo de música. El violonchelo barroco no tenía pica, la varilla metálica que tiene los violonchelos modernos para sujetarlo al suelo, que resulta mucho más cómodo para dejar a la mano izquierda la libertad suficiente para las complicaciones técnicas de las obras posteriores al barroco. Esto pasaba porque al estar sujetando el violonchelo con las piernas y con la mano izquierda, la que crea los distintos sonidos al apretar las cuerdas sobre el mástil, aumentaba la tensión en esta mano y disminuía la agilidad de los dedos. Además, en esta época se usaban cuerdas de tripa, no las cuerdas metálicas que se usan ahora, que le daban una sonoridad completamente distinta.
En este periodo, Haydn y Beethoven fueron dos de los grandes compositores que ensalzaron la figura del violonchelo y compusieron gran número de obras para él, ya como instrumento solista. Además, el violonchelo se consolidó como pieza fundamental, como bajo, en la inmensa mayoría de cuartetos y tríos compuestos en esta época, y fue utilizado por prácticamente todos los compositores.
Ya en el siglo XIX es cuando se introduce una de las mayores características del violonchelo moderno, la pica. Al principio, ésta era de madera, y fija, pero permitió que el violonchelista alcanzase una técnica virtuosística que sin el apoyo de la pica era más complicado, con lo que las obras para violonchelo también se hicieron cada vez más complejas.
El romanticismo musical se puede considerar la Edad de Oro del violonchelo. Schumann, Brahms, Dvořák o Mendelssohn compusieron conciertos para violonchelo y orquesta, y con el establecimiento de la orquesta sinfónica, el violonchelo definitivamente se convirtió en el tercer instrumento más numeroso, después del violín y de la viola.
Durante el siglo XX, se siguió componiendo mucha música para violonchelo, con compositores como Ravel, Debussy o Shostakovich. Además, a partir de los años veinte, el violonchelista catalán Pau Casals consigue, con su nueva puesta en escena de las Suites para violonchelo de Bach, devolver al violonchelo a una posición privilegiada.
Desde el siglo XX, las mujeres comienzan a ser intérpretes de violonchelo, cosa que no había ocurrido anteriormente. Durante mucho tiempo, solo las mujeres de clase alta podían tener acceso a los instrumentos musicales, y no estaba bien visto por la sociedad la postura de sujeción del violonchelo, entre las piernas, considerándola poco aristocrática. Existe documentación de otro tipo de posturas adoptadas por algunas mujeres violonchelistas, sujetando el instrumento de lado. A esto se sumó los prejuicios que existían contra las mujeres instrumentistas. Pero ya desde los años veinte aparecen mujeres violonchelistas aplaudidas y valoradas.
En los años noventa se utiliza el violonchelo además para música pop, rock e incluso heavy metal, como el grupo finlandés Apocalyptica, con sus tres (antes cuatro) violonchelos, y con la aparición del violonchelo eléctrico.
Para una buena interpretación del violonchelo es necesario tener un control de la técnica de aquellos aspectos más relevantes en este instrumento. Los miembros del cuerpo más activos en la interpretación del violonchelo son la mano izquierda y el brazo derecho, que son los que modifican y crean el sonido, por eso hay que prestarles especial atención a la hora de estudiar la técnica de este instrumento.
Algunos destacados violonchelistas son: Pau Casals (más conocido como Pablo Casals, considerado como el mejor interprete del violonchelo de la historia por muchos), Paul Tortelier, Mstislav Rostropovich, Jacqueline Du Pré, Lluis Claret, Yo-Yo Ma y Christine Walewska, entre otros.
lunes, 3 de septiembre de 2012
La viola
La viola o viol es un instrumento musical de cuerda, similar en cuanto a materiales y construcción al violín pero de mayor tamaño y proporciones más variables. Su tesitura se sitúa entre los agudos del violonchelo y los graves y medios del violín. Es considerada como el Contralto o el Tenor Dramático de la familia de las cuerdas. Las cuerdas de la viola están afinadas en intervalos de quintas: do, sol, re, la (siendo do la más grave). Al intérprete se le llama «viola» o «violista».
La aparición de la viola como heredera directa de la viella de cuerda (la viella es como un violín cuyas cuerdas se ponen en vibración por medio de un teclado; el arco es reemplazado por una cuerda pulida y frotada con colofonia) supone un avance importante en la historia de los instrumentos de arco.
Nacida entre los siglos XIV y XV, su cultivo empieza ya a tomar valor artístico a partir de este último siglo. Su primer método o tratado fue publicado en 1543 por Silvestro Ganassi dal Fontego, bajo el nombre de Régola Rubertina.
Se conocieron otros tipos de violas con el nombre de bastarda, di borbone, violone (en español violón, nombre de un tipo de viola de gamba documentado en Diego Ortiz), pomposa, etcétera
La viola pomposa fue inventada en 1720 por Johann Sebastián Bach y construida por el luthier de Leipzig, Hoffmann. Era de tamaño algo mayor que la actual viola y tenía cinco cuerdas que se afinaban por este orden, de grave a agudo: do, sol, re, la, mi. Este instrumento podía sujetarse a la espalda mediante una correa y sustituía al violonchelo en las notas altas de su tesitura. Pero a medida que la técnica del violonchelo fue perfeccionándose, la viola pomposa —por cierto incómoda y bastante difícil de tocar-, fue cayendo en desuso hasta llegar a quedar totalmente olvidada años más tarde.
Con ciertas diferencias de fabricación y tamaño, es un instrumento de cuerda semejante al violín, aunque afinado una quinta más bajo. Su tesitura es la del alto, nombre con el que se la conoce en muchos países. Se escribe con clave de do en tercera línea (excepto para las notas más agudas, en las que se recurre a la clave de sol), estando sus tres cuerdas más agudas afinadas como las tres más graves del violín. Participa como bloque en la orquesta y en los cuartetos de arco.
La viola que actualmente conocemos nace entre los siglos XVI y XVII con el nombre de viola da Braccio. Su tamaño es algo mayor que el violín. Sirve de puente sonoro entre éste y el violonchelo, lo mismo en el cuarteto de cuerda que en toda formación orquestal. Su timbre es muy bello aunque con tinte dulcemente opaco. Su tesitura central es la mejor y la que conserva además su verdadero carácter. Se sostiene con el brazo izquierdo en posición horizontal, al igual que el violín y se apoya su caja armónica de la misma manera que éste, o sea debajo de la barbilla.
Tiene cuatro cuerdas que se afinan con las notas do, sol, re, la (de grave a agudo subiendo en intervalos de quinta). Para su lectura musical emplea la clave de do en tercera línea y, cuando las notas son muy agudas, la clave de sol.
Su extensión es de más de tres octavas. Como todos los instrumentos de cuerdas frotadas por el arco, empleando armónicos naturales y artificiales su ámbito es mayor.
Su timbre es levemente nasal, aunque delicado y melancólico, poco brillante pero de una característica languidez. Aunque durante el último siglo ganó apoyo entre los compositores, fue usada como instrumento de "relleno armónico" tocando arpegios, escalas y otras figuraciones de acompañamiento.
Permite casi los mismos golpes de arco que el violín y excepto la tesitura y el mayor grosor de las cuerdas, su técnica de interpretación es idéntica a la del violín, aunque con un mayor tamaño en su tastiera (superficie sobre la que se presionan las cuerdas con los dedos de la mano izquierda, llamada diapasón). Las violas antiguas del XVII y XVIII (violas da gamba) eran más similares en su construcción al contrabajo actual (con agujeros en la tapa en forma de C en lugar de F) y mantenían los hombros más caídos que en el violín.
La viola tiene un timbre más tenue que el violín y de carácter algo indeciso. No permite expresiones violentas o brillantes. Su timbre es delicado y nostálgico y su posición intermedia entre el violín y el violoncelo la hace insustituible sea en el el trío de cuerda, en el cuarteto y naturalmente en la orquesta. En el registro agudo, este instrumento posee una penetrante intensidad que tanto ha hechizado a un buen número de compositores.
Posibilidades técnicas
Son parecidas a las del violín pero con menos agilidades, debido al mayor tamaño del instrumento.
La viola es conocida actualmente como un instrumento de cuerda frotada algo mayor que el violín; sin embargo, con este nombre se conocía en la Edad Media a todo cordófono de arco de varias piezas y fue ésta la primera denominación utilizada para definir a los instrumentos de cuerda frotada, tanto de brazo como de pierna.
Durante el renacimiento, la familia de la viola original se dividió en dos ramas: la viola da braccio y la viola da gamba. Las violas de brazo quedaron relegadas a las tabernas, en donde tocaban músicas populares; mientras que las violas da gamba eran exclusivas de las cortes más refinadas. Este instrumento acabó cayendo en desuso y el violín fue sustituyéndolo por su brillantez. Los compositores preferían dicho instrumento por su amplitud sonora y la agilidad en vez de la delicadeza de las violas da gamba.
En el barroco, el violín cobró la máxima importancia. La viola le gana en calidez y resonancia, y es casi tan manejable y ágil como el violín.
El papel de la viola es fundamental en la orquesta ya que da profundidad y apoyo a la armonía, la hace rica y aterciopelada. No debemos olvidar tampoco la gran variedad de obras compuestas para la viola solista o las sonatas para viola acompañada.
La viola tiene una reputación menor dentro de la cuerda pero se trata de un prejuicio arrastrado desde los orígenes de la orquesta moderna (s.XIX), cuando era asumida por violinistas en decadencia.
Su poder expresivo
La viola posee un notable poder expresivo. De acento más bien suave, recogido y algo melancólico, se presta más a pasajes de poco movimiento que excesivamente rápidos. Entre las obras orquestales que tiene asignada partes importantes figuran la Sinfonía concertante de Mozart y el poema sinfónico de Richard Strauss Don Quijote, ambas con carácter solista, amén de otras muchas cuya relación resultaría excesivamente prolija.
Grandes compositores, clásicos. románticos y modernos, apreciando las cualidades sumamente emotivas de este instrumento han escrito obras muy importantes como conciertos, sonatas, suites, etc., que justifican por sí solas la presencia del concertista de viola en las salas de audiciones. La viola es un instrumento de relevada importancia en la orquesta actual ya que colabora en que el sonido entre los instrumentos graves y los agudos no sea tan destacado, además de tener un sonido realmente intermedio que equilibra los sonidos de cuerda de la orquesta.
Sitio en la Orquesta
Las orquestas modernas cuentan con aproximadamente doce violistas en los primeros atriles a la derecha del director, entre los segundos violines y los violoncellos.
Su repertorio, aunque menos extenso que el del violín, contiene obras importantes además de su constante participación en la música de cámara. (Telemann, J. S. Bach, Mozart, Stamitz, Cambini, etc.). Posteriormente, en obras de Berlioz, Brahms, Schumann y Ricardo Strauss la viola tiene papeles destacados. Ya en nuestro siglo destacan los conciertos para viola y orquesta de G. David, Hindemith, Bloch y sobre todo el de Bela Bartok, sin duda el más difundido.
Grandes Obras
Mozart: Sinfonía concertante.
Weber: Der Freichütz (romanza).
Schumann: Marchenbilder.
Berlioz: Harold en Italia.
Joachim: Melodías hebreas.
Brahms: Dos lieder con viola obligada.
R. Strauss: Don Quijote (Sancho Panza).
Rubinstein: Sonata Op. 49.
Reger: Tres suites Op. 131.
Hindemith: Concierto, Sonatas
domingo, 2 de septiembre de 2012
El violín
Es el más pequeño de los instrumentos de cuerda. Tiene cuatro cuerdas afinadas por quintas del agudo al grave. Se escribe en clave de Sol.La cuerda de sonoridad más grave (o "baja") es la de sol3, y luego le siguen, en orden creciente, el re4, la4 y mi5. En el violín la primera cuerda en ser afinada es la del la; ésta se afina comúnmente a una frecuencia de 440Hz, utilizando como referencia un diapasón clásico de metal ahorquillado o, desde el siglo XX, un diapasón electrónico. En orquesta y agrupaciones el violín suele ser afinado a 442Hz, ya que las condiciones del medio como la temperatura, o la progresiva destensión de las cuerdas hace que éstas se desafinen, y para compensarlo se afinan algo por encima. El cuerpo del violín posee una forma abombada, con silueta estilizada determinada por una curvatura superior e inferior con un estrechamiento a la cintura en forma de C. Las tapas del violín se modelan con suaves curvas que proporcionan la característica de abovedado. Los aros, que van alrededor del violín dando la silueta, son de poca altura, el mástil posee cierto ángulo de inclinación hacia atrás respecto al eje vertical, longitudinal y se remata por un caracol llamado voluta. La estructura interna del violín la constituyen dos elementos fundamentales en la producción sonora del instrumento dados por la barra armónica y el alma. La barra armónica corre a lo largo de la tapa justo debajo de las cuerdas graves y el alma está ubicada justo debajo del pie derecho del puente donde se ubican las cuerdas agudas.
Las partituras de música para violín usan casi siempre la clave de sol, llamada antiguamente «clave de violín». El violín no posee trastes, a diferencia de la guitarra. Es el más pequeño y agudo de la familia de los instrumentos de cuerda clásicos, que incluye la viola, el violonchelo y el contrabajo, los cuales, salvo el contrabajo, son derivados todos de las violas medievales, en especial de la fídula.
El arco es una vara estrecha, de curva suave, y construida idóneamente en la dura madera del palo Brasil o «de Pernambuco» (Caesalpinia echinata), de unos 77 cm de largo, con una cinta de 70 cm constituida por entre 100 y 120 (con un peso de unos 60 gramos según longitud y calibre) crines de cola de caballo, siendo las de mejor calidad las llamadas "Mongolia", que provienen de climas fríos donde el pelo es más fino y resistente. Tal cinta va desde una punta a la otra del arco. Para que las cuerdas vibren y suenen de un modo eficiente, la cinta de cola de caballo del arco debe ser frotada adecuada y regularmente con una resina llamada colofonia (en España se llama "perrubia", de "pez-rubia"). También, actualmente -muchas veces para abaratar costos-, la crin blanqueda de caballo es sustituida por fibras vinílicas. El arco del violín tiene en la parte por la que es tomado un sistema de tornillo que al hacer desplazar la pieza por la cual se aferra un extremo de la cinta de crin hace que ésta se tense o se distienda.
Sin embargo, Claudio Monteverdi es uno de los que descubren la posibilidad de las calidades sonoras del violín, y es por ello que lo usa para complementar las voces corales en su ópera Orfeo (1607). Desde entonces el prestigio del violín comienza a crecer. Hacia esa época comienzan a hacerse conocidos ciertos fabricantes de violines (llamados aún luteros o lauderos, o luthiers — más frecuentemente que violeros— ya que inicialmente se dedicaron a la fabricación de laúdes). Así se hacen conocidos Gasparo Bertolotti de Saló, o Giovanni Maggini de Brescia, o Jakob Steiner (luthier) de Viena; sin embargo, una ciudad se hará celebérrima por sus lauderos especializados en la confección de violines: Cremona. En efecto, de Cremona son los justamente afamados Andrea Amati, Giuseppe Guarneri y Antonio Stradivari (sus apellidos suelen ser más conocidos en su forma latinizada: Amatius, Guarnerius, Stradivarius). Durante el siglo XIX se destacaron François Lupot y Nicolas Lupot. Es a partir de entonces, y sobre todo con el barroco, que se inicia la Edad de Oro (al parecer de allí en más perpetua) del violín.n el siglo XVII el violín (violino) se encontraba bastante difundido en Italia, carecía de todo prestigio.
El violín es el instrumento más barato de su familia, pero también es el que llega a los precios más desorbitados.
Desde entonces el violín se ha difundido por todo el mundo, encontrándose incluso como "instrumento tradicional" en muchos países no europeos, desde América hasta Asia. El violín es un instrumaento protagonista en las orquestas, grupos de cámara etc. Especial atención ha recibido en la música árabe, en la que el ejecutante lo toca apoyado en la rodilla cual si fuera un violonchelo, y en la música celta irlandesa, donde el instrumento recibe el nombre de fiddle (derivado del italiano fidula), y sus músicas derivadas como, en cierto grado, el country. Ha habido también grandes violinistas de jazz, como Stéphane Grappelli, Jean-Luc Ponty o Joe Venuti.
En cuanto al secreto de la sonoridad típica de los violines realizados por las familias Stradivarius y Guarneri, existen hoy diversas hipótesis que, más bien que excluirse, parecen sumarse; en primer lugar se considera que la época fue particularmente fría, motivo por el cual los árboles desarrollaron una madera más dura y homogénea. A esto se suma el uso de barnices especiales que reforzaban la estructura de los violines. También se supone que los troncos de los árboles eran trasladados por ríos cuyas aguas tenían un pH que reforzaba la dureza de las maderas; también influye un comprobado tratamiento químico (acaso más que con el objetivo de la sonoridad, el de la conservación) de los instrumentos, que reforzó la dureza de las tablas. Por último, ciertos violines Stradivarius tienen en sus partes internas un acabado biselado de los contornos en donde contactan las maderas, el cual parece beneficiar la acústica de estos violines.
Además del efecto logrado por el arco, se pueden conseguir otros efectos: pizzicato (pellizcando las cuerdas como si se tratase de una guitarra, pero no con la misma posición), trémolo (moviendo el arco arriba y abajo muy rápido), vibrato (haciendo vibrar los dedos sobre las cuerdas), glissando (moviendo la mano izquierda arriba y abajo sobre las cuerdas), col legno (tocando con la parte de madera del arco), sul ponticello (tocando prácticamente sobre el puente)..
El violín consta principalmente de una caja de resonancia que posee elegantes y hermosas formas ergonómicas (de sección oval con dos estrechamientos cerca del centro). Tal caja de resonancia está constituida por dos tablas: la tabla armónica y la tabla del fondo,las cubiertas laterales o aros y la tabla superior o tapa armónica.
En el interior de la caja se encuentra el alma del violín, que es una pequeña barra cilíndrica de madera dispuesta perpendicularmente entre la tapa y la tabla armónica del lado derecho del eje de simetría de la caja (esto es: prácticamente abajo, hacia la derecha, de la zona en donde se apoya el puente), del lado contrario al alma, a lo largo de la cara interna de la tapa, se encuentra adherido con cola un listón llamado barra armónica. Tanto el alma como la barra armónica cumplen dos funciones: ser soportes estructurales (el violín sufre mucha tensión estructural) y transmitir mejor los sonidos dentro de la caja de resonancia.
Cuando se quiere atenuar el sonido, se aplica sobre el puente una especie de tabique llamado sordina.La sordina es un clip con ranuras que puede ser colocado sobre el puente del violín; ésta reduce considerablemente el sonido producido por el instrumento y decrece las amplitudes de los tonos en relación a la fundamental. La medida estándar del violín es 23 pulgadas y media. Y la del arco aproximadamente 30 pulgadas. Tanto el violín como los demás instrumentos de su familia (la viola, el violonchelo y el contrabajo) pueden también tocarse mediante la técnica de punteo con los dedos. El término que recibe en este tipo de instrumentos dicha técnica es “pizzicato”.
Una característica importante en el cuidado es que al guardar el violín durante un período largo de tiempo, éste no debe quedar afinado, es decir, las cuerdas no deben quedar tensas. Esto se debe hacer si el instrumento va a ser transportado en avión, con los cambios de presión las cuerdas podrían romperse. Con esto, la estructura del violín no quedará sometida a una tensión innecesaria.
Gasparo da Saló (Brescia 1542-1609)
Giovani Paolo Maggini (Brescia 1580-1603)
Andrea Amati (Cremona 1510-1580)
Nicola Amati (Cremona 1596-1684)
Antonio Stradivari (Cremona 1648-1737)
Giuseppe Guarnieri de Gesú (1687-1747)
Siendo su sonido tan agudo y personal, este instrumento forma parte habitual de las orquestas sinfónicas clásicas en los conciertos para violín. También participa de cuartetos o quintetos de cuerdas y es muy usado en otros rubros musicales como el tango, la música country americana y por algunas bandas de jazz.
¿Porqué nos gusta la música?
¿Por qué nos gusta la música?
Suena en nuestros auriculares cuando practicamos deporte, nos acompaña mientras conducimos y nos pone a bailar en las más diversas situaciones, pero ¿cuáles son los mecanismos por los que la música nos proporciona placer?
Esta es la pregunta la escritora italiana Silvia Bencivelle, periodista científica de profesión, se hizo un día, quizás mientras escuchaba cantar villancicos a un grupo de niños, y a la que ha tratado de dar respuesta en su ultimo libro.
Bencivelle, que trabaja en la televisión pública en su país, no ha encontrado una fácil y única respuesta al hecho evidente de que los seres humanos tenemos un cerebro musical, capaz no sólo de disfrutar de las notas, sino también de generar obras maravillosas y distintas a lo largo de siglos de historia.
Con un lenguaje claro, y en ocasiones incluso divertido, la autora busca los orígenes de nuestra musicalidad más allá de nuestra especie, pues recuerda el canto armonioso de muchas aves e incluso que los monos son capaces de distinguir las octavas en la escala diatónica, que es la que se usa normalmente en Occidente. Otros experimentos han demostrado que determinadas músicas (como Vivaldi) tranquilizan a los animales, mientras que también las hay (Metallica, por ejemplo) que los alteran totalmente.
En este recorrido por la atracción por la música, Bencivelli recuerda que ya Darwin pensaba que nuestros antepasados utilizaban la música para el cortejo, algo que aún no se sabe con certeza. También hay investigadores que atribuyen su atracción, al arrullo que las madres hacen a sus bebés para tranquilizarles, que podría existir desde los inicios de la especie humana.
Hasta ahora, la prueba más antigua de un objeto musical es la flauta hecha con un hueso de animal en los montes de Suabia, datada hace unos 37.000 años, un momento en el que los neandertales convivían con los 'Homo sapiens' en Europa.
Sin embargo, para hacer ritmos y música, como bien apunta Bencivelli, no se precisan instrumentos. Basta la voz y las palmas, basta golpear el suelo con los pies o entrechocar dos piedras, o dos palos, para que al final pueda repetirse un ritmo que se va metiendo en ese cerebro musical. En otras palabras, su origen podría ser mucho más antiguo.
El hecho de que ese ritmo atraiga tanto puede deberse, como indican algunos estudios, a que éste fue el paso previo a la aparición de un lenguaje hablado; o porque, como defendía Darwin, facilitaba la selección sexual; o quizás porque favorecía la cohesión social de los grupos.
La ciencia también se ha demostrado que las notas musicales son el vehículo en el que viajan las emociones, algo que se repite en todas las culturas y en las formas más diversas.
Con todo, Bencivelli reconoce que la razón última de por qué nos da tanto placer inmediato, aún es un misterio pendiente de descubrir, si bien el acercamiento de su ensayo, en el que tienen cabida infinidad de enfoques científicos, ofrece unas interesantes pistas que ayudan a conocernos un poco mejor.
Su capacidad para inducir emociones ha sido utilizada desde los inicios del cine sonoro y, seamos conscientes o no, suena durante muchas de nuestras actividades cotidianas. La italiana Silvia Bencivelli repasa en Por qué nos gusta la música los últimos estudios científicos en torno a nuestros gustos musicales.
Para intentar discernir su procedencia, es necesario analizar la dualidad entre los conceptos de consonancia y disonancia, que tradicionalmente han enfrentado a músicos y científicos. El primero hace referencia a los intervalos sonoros que nos resultan más placenteros, mientras que el segundo describe aquellos que nos producen una sensación desagradable.
Usando electrodos intracraneales, un grupo de científicos estadounidense confirmó una respuesta diferente, tanto en monos como en humanos, cuando se les expone a una u otra clase de intervalo. Esto podría significar que la consonancia es una cuestión objetiva, relacionada con la estructura de nuestro aparato auditivo.
Solo en una segunda etapa, la educación musical y las experiencias vitales influirían en la capacidad para apreciar ciertas combinaciones, condicionando nuestras elecciones musicales al estado de ánimo del oyente o del momento del día.
En este sentido, un estudio realizado en 2003 por Adrian North concluyó que los clientes de un restaurante de lujo eligen los platos más caros del menú si en la sala suena música clásica.
Antes, su grupo de trabajo había calculado que quien entra en una bodega donde suena música de Mozart gasta aproximadamente un 250 % más. A este mecanismo se le definió como "efecto Château Lafite", en honor a uno de los vinos más caros del mundo.
Por su parte, la doctora Sandra Trehub ha comprobado en sus investigaciones que, a diferencia de los adultos, los niños tienen la misma sensibilidad para cualquier género, sintiéndose cómodos en cualquier ambiente musical en el que se críen. La cultura, la educación y la exposición a cierta clase de sonidos serán las que determinen nuestros gustos en la edad adulta.
Esta progresiva adaptación de nuestro oído da lugar a situaciones grotescas. Por ejemplo, cuando en la década de los sesenta se pusieron de moda las composiciones indias, la mayor parte del público europeo no comprendía realmente lo que estaba escuchando. Cuentan que, en el primer concierto de Bangladesh organizado por George Harrison, los asistentes comenzaron a aplaudir cuando el citarista Ravi Shankar se limitaba a afinar su instrumento.
Mientras, el musicólogo estadounidense Alisun Pawley y el alemán Daniel Müllensiefen presentaron en octubre de 2011 los que, según demostraron sus experimentos, son los diez temas más pegadizos de la historia. We are the champions, de los legendarios Queen, obtiene el primer puesto en un listado que comparten con Y.M.C.A., de The Village People, y Fat lip, obra de los canadienses Sum 41.
Pero no todo el mundo se emociona al escuchar al inimitable Freddie Mercury ni disfruta con los últimos éxitos que ponen en la radio. Como explica Bencivelli, el 5 % de la población padece amusia, un trastorno sin graves consecuencias para la vida diaria, pero que impide a sus afectados sentir la música como algo diferente a una serie de sonidos yuxtapuestos.
Se ha descubierto que la experiencia placentera de escuchar música que nos gusta, libera dopamina, un neurotransmisor importante en placeres más tangibles asociados a cosas tales como la comida, las drogas y el sexo.
Este hallazgo, realizado en un nuevo estudio por expertos del Instituto y Hospital Neurológico de Montreal, en la Universidad McGill. El estudio pone de manifiesto que incluso la anticipación de una música que nos guste, induce la liberación de dopamina.
Se sabe que la dopamina desempeña un papel fundamental en el establecimiento y el mantenimiento de conductas que son biológicamente necesarias.
El equipo de investigación midió la liberación de dopamina como respuesta ante la música, así como los cambios en la conductancia de la piel, la frecuencia cardiaca, la respiración y la temperatura, en correlación con el nivel de placer producido por la música. Y ha comprobado que la liberación de dopamina es mayor ante la música placentera que ante la neutral, y que los niveles de liberación de ese neurotransmisor están en correlación con el grado de excitación emocional y de placer.
Los resultados obtenidos en la nueva investigación proporcionan pruebas neuroquímicas de que en las respuestas emocionales intensas ante la música interviene una parte muy antigua del cerebro, la del circuito de recompensa, tal como señala el Dr. Robert Zatorre del instituto y hospital ya mencionados. "Hasta donde sabemos, ésta es la primera demostración de que una recompensa tan abstracta como la música puede llevar a la liberación de dopamina. Las recompensas abstractas son en gran parte de naturaleza cognitiva, y este estudio allana el camino para el trabajo futuro de examinar recompensas no tangibles que los seres humanos consideramos gratificantes por razones complejas".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



































